22 ago. 2012

UNCIPAR


UNCIPAR: Los pasos que hacen historia, por Daniela Pereyra



Son las ocho de la noche y en la puerta de una casa de la calle Araoz un grupo de gente va llegando y espera al resto del grupo. Hay saludos, charlas y risas. Algunos se conocen y mientras se presentan a los demás las anécdotas empiezan a poblar el espacio. Hay ambiente de cine, y en una sala de lo que era el cine club TEA los miembros actuales e históricos de UNCIPAR se disponen a reconstruir la historia del primer festival de cortos independientes que este año celebra su 40° aniversario. Hoy se juntan para recordar, pero cuarenta años atrás el motivo era el cine, la imagen, la fotografía, el hacer y el mostrar.

En torno al Súper 8
Corrían los primeros años de la década del 70 y un grupo de cineístas aficionados cruzan sus pasos. Daniel Gómez cuenta que UNCIPAR (Unión de Cineístas de Paso Reducido) “nace por una necesidad técnica de conocimiento, no había dónde aprender absolutamente nada, nos contactábamos mediante cartas por la revista Fotografía Universal. En el año 71, a Luis Maynaro, Jorge Barba, Julio Rivas, Tony Siedloczek y a mí se nos ocurre la idea de conseguir un lugar para pasar cine. Y conseguimos hacer la primer función en el teatro Florencio Sánchez  con un cortometraje de Claudio Caldini. Las reuniones eran los sábados, y se llenaba.” Eran sábados de cine, intercambio y comunidad; Francisco Acri, otro de los miembros fundadores recuerda: “Las reuniones de los sábados eran una cosa increíble. Cada muchacho llevaba su proyector, porque no eran universales, y como trabajábamos con Súper 8 no había copias. Cada uno que proyectaba su película pasaba al frente y explicaba de qué se trataba, cómo estaba hecho y las preguntas obligatorias eran con qué cámara, cuál era el micrófono, el proyector, qué empalmadora usaban, qué cinta. Estábamos atrasados técnicamente. En esa época estaba el problema de si volvía Perón o no, pero no se habló mucho de política, estábamos muy preocupados por la técnica. Contábamos con una cámara extraordinaria, la cámara de Súper 8 que era el sueño de la Nouvelle Vague. Los muchachos grababan sonido directo y ese fue el inicio de la cámara en la mano. En UNCIPAR estábamos deslumbrados por el cine europeo  y todos los independientes, y además era un intercambio técnico, que era el gran problema nuestro. Hacíamos cine sin saber la técnica.” Se suma Daniel Gómez y explica: “Necesitábamos unirnos y contar eso a otra gente, había que crear una unión. Y la discusión del nombre fue muy graciosa, porque la gente nos preguntaba si hacíamos cine, y por qué lo de ‘paso reducido’. En ese momento estábamos muy en contra del cine industria que estaba en auge, nuestro trabajo era gratuito, no se cobraba, no pretendíamos nada de eso.”
De las inquietudes técnicas a las personales. Fue un medio para que se genere un espacio de relaciones inédito y profundamente creativo. Francisco Aranda fue invitado por Luis Maynaro y en 1974 es nombrado presidente de la Unión por dos años. En esa época UNICPAR consigue comprar el primer proyector propio. Los años oscuros empiezan a teñir el cielo del país, pero la pantalla siguió destellando. Gastón Grazide lo resume: “Hice de UNCIPAR un refugio porque me incorporo en el 76 que es un año muy complicado para los argentinos. Fue un lugar adonde ir a ver arte, y  donde la técnica era lo más importante.”


El corto en marea alta
Primer día del feriado de semana santa. La costa se ve en pantalla grande, con viajeros de improviso que escapan del cansancio de la ciudad para animarse al frío y al viento marino de abril. Hay que buscar un refugio, y para eso, la Casa de la Cultura de Villa Gesell es el lugar apropiado. Es la sede de una nueva edición del festival de cortos de UNCIPAR. En la entrada los grupos de gente invitan a la charla, al encuentro y al intercambio. Es una ocasión para hacer amigos con cortometrajes de por medio. Las jornadas de Villa Gesell empezaron en el invierno del 79 y luego se fijó semana santa para las distintas emisiones.

Gesell es la ventana para la producción de cortometrajes nacionales que alcanza al ámbito internacional. La competencia se organiza en estas dos secciones. Sergio Cinalli cuenta que en los inicios se generó una alta competitividad entre las escuelas de cine que iban surgiendo debido además, a la importancia de las jornadas: “no había otro festival de cine, era la ventana del país en el medio de la dictadura. UNCIPAR recibía lo que no tenía una institución que lo representara, y se preseleccionaba  lo que enviaban otras escuelas, además de los socios de UNCIPAR, así se armaba la competencia. En ese momento tenían presencia en el festival el Taller de Cine de Vicente López y la escuela de cine de Avellaneda que eran muy competitivos. También estaba Foto cine de Zárate, La Plata, y Cipoletti, que era el festival más antiguo después de UNCIPAR.”

En cada competencia un jurado elige a los ganadores, pero la voz del público se hace escuchar por las noches, en cada función paralela, una nueva forma de ver y de acercamiento a los realizadores. Sergio recuerda: “Surge porque el salón del Automóvil Club era todo vidriado, y de día no se podía proyectar. Se armaban mesas de trabajo con diferentes temas, y se debatía mucho. Paralelo a eso, en una pieza de hotel el jurado miraba las películas, y alguno de la comisión proyectaba. Lo que no había pasado la preselección, más las películas que el jurado iba liberando, se pasaban de noche, desde que caía el sol, hasta que salía. Había silbatinas y muchos aplausos. Y toda la juventud se empezó a juntar a partir de eso.” UNCIPAR hizo de las paralelas un clásico con ingredientes: a los aplausos y abucheos en el medio de la proyección se suma el cotillón y las entrevistas a la luz de la linterna con los realizadores que son una parte más del público.

De Gesell al mundo

UNICA es el festival internacional de cine no profesional que tiene más de 76 años de historia con sede en los distintos países del mundo. Los cineclubs son la fuente de recursos de la competencia y desde los albores de la historia del cine premia a las producciones independientes.  Argentina no fue la excepción, y pusieron sus ojos en UNCIPAR. Francisco Aranda reconstruye la relación: “En 1985 UNICA tiene sede en Argentina. Gunther Grüber era un alemán que se divertía haciendo cine, y trabajó para poner a UNCIPAR allá arriba, hasta que nos metió en UNICA. La película que ganaba el primer premio en Villa Gesell participaba en el festival. Unas veces se hacía en Francia, otra vez en España, otra vez en Rusia, otra vez en Holanda, donde sea. Y así fue que en el 85 pensaron que nosotros podíamos hacer UNICA en Argentina. En el 83 fuimos con Bianchi y en el 85 UNICA fue en Mar del Plata, deslumbrante. Y estuvo Kieslovsky como presidente del jurado que impuso el golpe en la mesa para votar.” En el 93 UNICA vuelve a la Argentina, en la provincia de Córdoba. Actualmente los ganadores viajan a la edición anual del festival en el país que sea sede.

Independencia en primer plano

Festivales de cine independiente a escala internacional. Grandes salas y complejos son sede de la producción no profesional e independiente. ¿Cuál es el significado hoy de esta manera de hacer?




Ernesto Flonembaum, que preside UNCIPAR en la actualidad explica: “Hay dos aspectos: lo que se considera independiente en relación a la producción de cine, y por otro lado, la independencia que pasa por la distribución y la exhibición, eso determina hoy en día el poco acceso que tienen los realizadores para mostrar sus trabajos, por lo menos, en una sala cinematográfica. También existen todos estos medios alternativos, Internet o eventualmente el cable. Pero el punto básico es que uno hace algo para que se vea, entonces esa pata es la que condiciona muchísimo hoy en día.”

Nicolás Vetromile es de la generación más joven de UNCIPAR y afirma: “lo que es independiente hoy es la manera de contar, no tanto la forma, sino el contenido, eso lo hace independiente o industrial. Hoy no se experimenta y el cine nació como experimentación, lo independiente está en esa primera intención, en mostrar de un modo distinto; y a UNCIPAR llega ese tipo de material. Además desde hace unos años tenemos intercambio con otros festivales y organizaciones y peleamos porque perduren las distintas formas de filmar, de pensar una película y las diferentes formas de crear. Hoy todos nos nutrimos de todos, es más rico y menos complicado. Para muchos chicos UNCIPAR es un hito ineludible, porque te permite por tres días compartir con tus compañeros realizadores y discutir, charlar.”

Proyecciones en el tiempo
Los pasos reducidos siguieron su camino a lo largo de cuatro décadas. En distintos contextos para la producción y la exhibición UNCIPAR se mantuvo contra viento y marea. “El leit motiv de UNCIPAR es la distribución, la exhibición. Siempre estás en el medio, con el corazoncito y la camiseta de UNCIPAR. La pantalla la iluminamos entre todos. UNCIPAR es un festival que tiene mucho público, nosotros queremos alimentar la pantalla y la discusión. Lo que se hace es lo que a la gente le gusta que es la camaradería y lo desacartonado, ese fue el caballito de batalla nuestro. Somos luchadores del corto, del cine independiente, este es un espacio de participación. La gente busca esa mística del reencuentro”, en palabras de Sergio, que forma parte del grupo desde los 80.  

Gastón Grazide: “UNCIPAR era conocido por un grupo minoritario y fue un disparador de muchos chicos que después empezaron a estudiar, inclusive hubo realizadores importantes que estuvieron en UNCIPAR y no tomaron el corto como un fin en sí mismo sino como paso para acceder al cine grande. El espíritu de esa época era juntarse para debatir, hemos hecho grandes amigos, era una peña”

Pastora Campos es programadora del Festival de Cine de Mar del Plata y descubrió la mística del encuentro en UNCIPAR, trabajando y formando parte del grupo: “Yo estaba acostumbrada al Festival de Mar del Plata donde hay ciertas distancias, y esto es el acercamiento afectivo y profesional, hay un contacto muy cálido. Eso abrió todo otro mundo. Es una organización necesaria, bien constituida, y ese halo de romanticismo que le da Villa Gesell completa ese contexto. Ellos tenían una forma de encontrarse que Sergio reivindica siempre y hasta ahora, que era nuclearse, ver la película todos juntos, después ir a comer algo, hacer sociales.”

Luis Franc: “Lo primero que me encuentro cuando asisto a las reuniones de UNCIPAR, es que esto es un trabajo en equipo. Somos bastantes distintos, cada uno tiene algo para aportar desde su mundo personal, hay algo de un terreno que uno domina más que el otro o lo domina de otra forma, y aparecen distintas miradas desde distintos lugares, para cualquiera de las actividades. Principalmente esto, el trabajo es en equipo”

La producción creativa
Las distintas épocas condicionan cómo y qué se produce. Todo conduce a que se generen distintas formas creativas a la par que la tecnología se desarrolla y potencia las capacidades de hacer. Edgardo Fische dice al respecto: “Pasamos por muchas crisis y tratar de mantenerlo año a año es muy difícil, porque sin plata no se hace, y es difícil conseguirla. Esto no da un rédito económico, dan ganas de hacerlo en contra del tiempo, familias, trabajo, distancia. Se arman grupos de gente, relaciones y salen cosas buenas. Es difícil armarlo pero sale solo.”

Liliana Amate llega a UNCIPAR a través de la escuela de cine de Vicente López y en relación a la producción cinematográfica recuerda que habían conformado una cooperativa con sus compañeros para poder filmar, y dice que actualmente, “están los que tienen las posibilidades de hacer el corto como si fuera una súper producción y están los que se juntan tipo cooperativa. Hoy vemos que los pibes se juntan en las jornadas y se alegran porque gana uno y se conocieron recién, se preguntan en qué están y se arman grupos de trabajo y al año siguiente se proyecta el corto que se gestó  en la jornada anterior. Yo destaco que el espíritu sigue siendo el mismo que yo vi en el 92.”

Ese clima de grupo se replica desde hace décadas. Sergio recuerda: “Salía caro filmar. Hacíamos un grupo de cinco, una vaquita, y comprábamos los rollos e íbamos filmando de a uno. Con el advenimiento de la democracia se empiezan a abrir más canales de exhibición y entonces empieza a menguar la cosa. Y hubo un letargo que duró hasta el 93, después de UNICA en Carlos Paz. Ahí quedó solo Gesell, lo que si continuó permanentemente fue el George Méliès. Y otro crack fue el tema del video, mucha gente dejó la filmadora, no se habituó a la tecnología y no filmó más. Hay que habituarse a la tecnología.”

Luis dice que UNCIPAR “opera como termómetro del panorama del cine de hoy en día, de los realizadores predominantemente jóvenes. Hay ganas de trabajar, en muchos de los autores de los cortos hay ganas de investigar sobre el cómo se filma, el aparato de base, las cuestiones narrativas. Después hay algunos otros que trabajan un formato más convencional. Es interesante ver este mix de subjetividades para también pensar un poco cuál es el estado hoy día.”

Por UNCIPAR pasaron cineastas como Jorge Polaco, Pablo César, Carlos Sorín, Tristán Bauer, Alejandro Agresti, Adrián Caetano, Mario Levin, Roberto Cendereli, Adolfo Aristarain, y Fernando Spiner, sin olvidar al cine experimental con los nombres de Claudio Caldini y Narcisa Hirsch. El recuerdo tiene que ver con el espacio de compañerismo que se genera. Es el lugar para mostrar, en un contexto en el cual el cortometraje se abre paso pisando fuerte como manera de contar historias buscando al público que disfruta de la buena calidad y el intercambio. UNCIPAR celebra sus cuarenta años de reunión, de gestión, de buscar y encontrar una manera de contar y de hacer cine independiente y en equipo. Se trata de relaciones que se forjan con la cercanía del primer plano cara a cara. 

Fotos: José Ludovico y Archivo UNCIPAR.

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