4 jun. 2012

Reseña de lo que pasó durante el ciclo "Vivir Intensamente"



Documentando intensamente, por Daniela Pereyra


Fragmentos de lo que fue el primer ciclo 2012 de La Nave de los Sueños dedicado al documental.


El regreso del  Tata Cedrón y un hombre que baila al ritmo del dos por cuatro. Con el trazo simple y sentido de las imágenes se reconstruye el retrato postergado de quienes viven intensamente. Instantes que vuelven con la memoria de palabras perdidas, viajeras, iluminadas. Y a los hachazos, como cortes de plano a plano, el cine experimental que le da vida al documental, género para contar historias conocidas y angelicales. La pasión cinéfila en una manera de contar y de vivir.
El ciclo de documentales “Vivir intensamente” estuvo dedicado a personajes de distintos ámbitos de la cultura. La literatura, la música, la danza, la ilustración, y el cine mismo tuvieron su lugar en la pantalla grande del auditorio Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional. Y los directores, quienes cuentan esas historias de vida, pintaron el estado del arte.
El documental como género referencial se redefine y posiciona con nuevos recursos, que supera el retrato y narra una historia. Son vidas, experiencias, sentimientos que se muestran y la información laxa cede lugar a la reconstrucción con música, imágenes, animación, y los juegos de cámara. Se trata de una manera nueva de hacer que aproxima al personaje y al espectador.




A Angélica la conocemos de pies a cabeza en la ópera prima de Johanna Sporn y Lucía Vela. Una anécdota cotidiana despertó el interés por contar su historia. Y de a poco, un personaje en primer plano le cuenta a la cámara sentimientos, recuerdos, cosas que atesora. Johanna explica: “El documental no va por una vía tradicional, no busca documentar ni biográfica ni fehacientemente a este personaje. Hay toda una nueva manera de documentar y un nuevo público que le puede interesar. Es súper íntimo. Se están flexibilizando los límites y entonces muchas más cosas pueden catalogarse de documental como Angélica. Aparecen los formatos más accesibles que hace que se pueda experimentar mucho más, y el documental se empieza a parecer a la ficción y la ficción al documental.”

Ernesto Ardito, documentalista junto a Virna Molina de los ya renombrados “Raymundo”, “Corazón de fábrica”, “Alejandra Pizarnik, Memoria Iluminada”, y el último “Nazión”; afirmó en relación a la creación en el género documental: “Hay un prejuicio con respecto al cine documental, que en una época tenía que ver con las herramientas que había para producirlo: tenía que ser más expositivo, con un locutor, un registro directo; pero el hecho de trabajar más lo poético dentro del  género tiene que ver con las libertades que plantea este tipo de cine que a veces no está abrazado a lo que es un guión cinematográfico de ficción. Al cine documental se lo va repensando todo el tiempo, por las libertades de producción que te plantea. Si se encara el cine documental desde el lado del mercado ahí estás sonado, cuando empieza a imperar lo económico por sobre la obra. El cine argentino a nivel documental tiene mucha potencialidad y se va a liberar a medida que se liberen los realizadores, y se encuentren a sí mismos, la identidad es lo más fuerte para cualquier tipo de creación, y también la locura.”

Fernando Pérez, que cuenta la historia del Tata Cedrón, planteó la situación económica en relación con la capacidad productiva: “Hay fomento para el género, pero no tanto para el documental cinematográfico, y eso es responsabilidad nuestra, de los directores, porque fuimos regalándole a la ficción la idea de que hace el circuito comercial y que el documental hace el circuito consciente. No tenemos que acotarnos a un formato televisivo, informativo, inteligente; los documentales pueden contar historias, tener una curva narrativa, cuestiones dramáticas. Tenemos que rescatar todos los aspectos estrictamente cinematográficos.”

Cristina Raschia dirigió y protagonizó junto a amigas de la vida el documental “Memoria de un escrito perdido”, sobre el libro de Graciela Loprete. Defensora del géneró lo decía en esta palabras: “Yo creo que el documental desde hace quince años a esta parte ha ganado un espacio enorme, el hecho de que vayamos a ver un documental, que haya tanta gente haciendo un documental, que haya tantas formas de hacer documental, hace quince años no existía eso. Como género se ha revitalizado, se ha enriquecido con muchas herramientas, el problema siempre sigue siendo el de la difusión, pero tendremos que acostumbrarnos a nuevas formas de difusión y mantener estos espacios casi religiosos.”

En “Liniers. El trazo simple de las cosas”, Franca Gonzalez muestra el fuera de campo de la realización, las decisiones, elecciones y el modo de llegar a la idea y el personaje. Al mismo tiempo muestra las dificultades para abordarlo y poder contar lo que se ansía. Pero la dificultad la transforma en virtud: “Lo interesante es cómo abordarlo sin entrarle por la puerta principal, buscarle las puertas laterales que en definitiva es el punto de vista o la mirada del realizador, esa mirada personal que elige una tangente a través de la cual contar una historia. Yo quería hacer una película que no fuera una especie de institucional o informativo sobre lo que Liniers hacía, sino que contara otra historia. Y en ese sentido el documental es una forma de expresión inacabable porque yo misma implico un montón de puntos de vista, además de los espectadores. No hay nada más creativo y de mayor libertad que el lenguaje documental.”

Vidas intensas en creaciones audiovisuales para mostrar una nueva manera de hacer. Las bases del documental se fortalecen con cada apuesta y cada historia, y le ofrecen al espectador un reencuentro que le da nuevos aires al género. 

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