7 nov. 2014

Entrevista: El cortometraje: libertad y creación


El cortometraje: libertad y creación




Nota: Daniela Pereyra y Gabriel Patrono. Fotos: Giuliana Trucco y Daniela Caballero. Producción: Noelia Soledad Gómez, José Ludovico, Mr Miguelius, Leandro Frías.

Desde los caminos más experimentales, pasando por las técnicas de la animación y sus variadas propuestas, hasta el espacio del documental y la ficción, el cortometraje viene pisando fuerte y ocupando espacios en la Argentina de los últimos años. Premiaciones y reconocimiento internacional, muestras y festivales, nuevas plataformas y cortos hasta en televisión, evidencian que la realización de historias en pocos minutos tiene mucho potencial. Son muchos los creadores que apuestan por este formato.



Ignacio Masllorens realizó numerosos cortos y recientemente exploró una historia de vida muy rica, la del artista Martín Blaszko, con versión en corto, medio y largometraje. Paulo Pécora produjo y dirigió varios largometrajes y videoclips, recurre y vuelve frecuentemente al corto. Agustina Lasagni apuesta y brinda por la salud del cortometraje, con su celebrado trabajo A tu salud, financiado con la producción de un ciclo de fiestas culturales. Maximiliano Torres explora el formato y se sumerge en la experiencia de integrar la mítica colección Historias Breves con su obra El conductor. La distribución, última e importante etapa, es la que ocupa los últimos años de trabajo de la productora Luciana Abad al frente del proyecto Hasta 30 minutos.

La Nave de los Sueños los reunió y conversó con ellos sobre la vigencia y potencialidad de este modo de contar historias.

Existe el prejuicio de ver al cortometraje como una categoría menor o de trabajos en desarrollo ¿por qué eligen dedicar parte importante de su obra a ese formato?

Luciana Abad: Me parece que es el formato más democrático que existe. Tiene otro tipo de producción, se hace por el amor a contar una historia y no tiene que ver con lo industrial, tiene otro camino. Puede encontrar su destino en festivales, Internet, televisión. Tiene un montón de pantallas y podría hacerlo cualquier persona, con un celular, con cualquier cámara, y no precisa de una gran estructura. A la hora de gritar algo que querés decir con urgencia es muy oportuna la forma de producir que propone el cortometraje.

Paulo Pécora: Es un formato que te permite decir mucho, y hacerlo con poco, accesible para todo el que quiera acercarse al cine desde un lugar “amateur” y artesanal. Me interesa la posibilidad de hacer cortos con lo que tengo a mano, sin necesidad de demasiado despliegue de producción, tratando de encontrar ideas justamente a partir de los obstáculos o de lo poco que tengo a disposición. Es más accesible. Y a nivel estético te da la oportunidad de probar recursos, formatos o procedimientos narrativos que quizás después podés abordar en el largometraje desde otro lugar. Ese es el principal desafío y lo que más me gusta de hacer cortos, un juego donde me introduzco. El largometraje no permite tanta libertad, porque se involucran más elementos, más personas y muchas responsabilidades que a veces te exceden.

Agustina Lasagni: Hacer un corto es para mí sacarse las ganas de contar una historia en poco tiempo de producción y poder resolverlo en pocas jornadas. Sólo queda editarlo en el tiempo que se pueda y tenés un producto terminado para salir a mostrar a todos lados, es tu carta de presentación.

Ignacio Masllorens: Yo siempre vuelvo al corto, y hace poco con la trilogía de obras audiovisuales que abordé sobre el artista Martín Blaszko me propuse trabajar sin límites, no pensar ni siquiera en lo referido a la duración. Trabajé con mucha libertad en todo sentido y me fui dando cuenta de a poco que el material daba para más, y terminaron siendo tres trabajos de distintas duraciones. La cosa irreverente con que traté la duración fue lo que dictaminó el proceso mientras iba creando. Todas son películas, algunas duran dos minutos, otras cuatro horas; la duración, en mi caso, nunca marcó la diferencia.

Paulo Pécora: Me parece importante ser irreverente y sacarle solemnidad a lo que uno hace, sobre todo cuando uno se lanza a hacer un corto. Hay que sacarle el respeto a lo que uno realiza, largarse a hacer libremente, desde el formato de producción y desde la forma de filmar también ser irreverente. En este tipo de obras, muchas veces se filma los fines de semana, cuando se puede. El corto es como una cocina en permanente ebullición, es importante tomarlo con menos presión, así te puede dar más libertades y posibilidades para hacer cosas nuevas o para encontrar relaciones inesperadas entre las imágenes que filmaste.

¿Cómo ven la llegada del corto al público y a las salas?

Paulo Pécora: El corto permanentemente debe buscar nuevos espacios porque está exiliado de las salas comerciales. No va con los propósitos de los dueños de las salas o los exhibidores y eso te obliga a ser más creativo para encarar la exhibición. Yo creo que no hay que avalar la institucionalización de la diferenciación entre largo y corto, no le hace bien al arte en lo más mínimo.

Luciana Abad: Lo que yo estoy intentando desde hace unos años es, sin perder esa frescura que debe tener siempre la parte creativa, desde el lado de la distribución, darle un marco formal al cortometraje para poder pelear por otros espacios, en esas salas comerciales y en los lugares donde el corto se merece estar. Me dedico a eso para que ese trabajo no lo tenga que hacer el director, para que no pierda ese tiempo y pueda dedicarse con fuerza a la producción de obras. Y se vieron resultados muy alentadores.

Paulo Pécora: Hay todo un grupo de realizadores trabajando hace muchos años, interesados en que se genere una industria del corto.



¿Cómo ven el aporte de Historias Breves, la colección de cortos que promueve el INCAA? Este proyecto alentó la producción de decenas de realizadores, muchos hoy consagrados, desde el momento en que daban sus primeros pasos y continúa vigente.

Maximiliano Torres: Historias Breves es una instancia importante, y tenés que tener en cuenta muchas cosas. Te obliga a ser muy responsable frente al proyecto y aprendés mucho sobre este oficio.

Ignacio Masllorens: Te obliga a profesionalizarte y eso es muy bueno.

Maximiliano Torres: Yo fui seleccionado. Participé en Historias Breves en su edición 8, que tuvo su estreno en 2013. Es algo que te ubica en lo que estás encarando profesionalmente y a tener un poco más de cuidado en ciertas formas. Yo lo tomé con el mismo desafío con el que siempre encaro todos los proyectos, y me amoldé a este desafío porque sabía que me iba a enseñar muchísimo.

¿Cómo se financia un cortometraje? La creatividad también se aplica en el momento de calcular costos y poder completar los proyectos.

Agustina Lasagni: Nosotros organizamos el ciclo Fiestas azules y con lo recaudado financiamos los cortos. Hacemos una fiesta por mes, son muy convocantes. Yo había filmado mi corto y me había quedado una deuda con familiares y amigos que pude devolver gracias al éxito de las fiestas. Conseguimos un margen que nos sirve para saldar el costo de los cortos. No somos pretenciosas con las ganancias de las fiestas, vamos juntando lentamente. Tenemos pilas para hacerlo. Funciona por muchas razones. No pasa sólo por recaudar fondos, tratamos de generar espacios donde se vinculen distintos artistas y se muestre lo que se está produciendo. Es una cadena la que se forma.

¿En qué suma que haya una distribuidora de cortos?

Luciana Abad: Yo originalmente soy productora y me especializo en el formato del cortometraje. Tengo la distribuidora hace ocho años. La idea surgió a partir de una experiencia que conocíamos con mi socio. Armé mi propio sistema latinoamericano, creando un nexo entre los directores y los programadores de los festivales, para minimizar las frustraciones que sienten los realizadores cuando son rechazados en algún festival donde se presentan. Empecé a buscar nuevas pantallas para acompañar al director en esa etapa de difusión de su cortometraje. Con los años, fue mutando y creciendo el proyecto. También ayudamos en la organización de festivales a la hora de programar. Se crean vínculos con los realizadores que vuelven a confiar en nosotros cuando hacen otro corto, nos invitan a los estrenos de sus nuevos trabajos. Es un orgullo para nosotros participar y colaborar en esa etapa en la que los cortos se dan a conocer al mundo y extender la vida de estas obras.

Hay casos recientes muy particulares y exitosos, como fue el corto de “El Niño” Rodríguez, Ni una sola palabra de amor, que se viralizó en la web ¿Cómo se piensa la difusión de cada corto?

Luciana Abad: Normalmente los cortos se estrenan en festivales, nacionales e internacionales. Se arma un circuito donde se charla con el realizador para ver cuáles son sus expectativas y objetivos y que coincidan con los de la película. Se empieza con los festivales y luego recién se piensa en las posibilidades que pueda tener en televisión. Creo que Internet es la última instancia. Para nosotros es el último recurso porque creo que hay que valorizar el arte, ya que cuesta mucho hacer las cosas. Hay espacios y muchas plataformas. Tenemos que aprovechar que a partir de la ley de medios se crearon un montón de canales que necesitan contenidos. Todavía hay que trabajar mucho en la difusión. No hay canales exclusivos de cortos, sino programas y algunas iniciativas como el caso de Cinemargentino. Lo que falta es una revalorización donde se pueda generar un vínculo comercial.

¿Hay un futuro para el cortometraje?

Luciana Abad: Sí, lo bueno es que hay mucha producción. Hay mucha gente que se anima a hacer talleres donde personas que no tienen nada que ver con el mundo audiovisual pueden hacer sus producciones. Hay que ser sincero a la hora de contar, es fundamental. No hay que repetir una fórmula.

Ignacio Masllorens: Hay que ser sincero a la hora de contar y encontrar en el corto un espacio para hacer algo diferente.

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