3 sept. 2014

Entrevista con Daniel De La Vega y Pablo Parés


La generación de una pasión: el cine fantástico y de terror


Nota: Daniela Pereyra y Gabriel Patrono. Fotos: Daniela Caballero y José Ludovico. Producción: Giuliana Trucco, Noelia Soledad Gómez, Mr Miguelius, Leandro Frías.

Hay una recordada foto, sacada para este mismo ciclo, casi 10 años atrás. Los realizadores del naciente cine fantástico se reunían con integrantes de la Nave de los Sueños para hablar sobre la realización de cine de género en el país. Incipiente, incierto, momento retratado y por eso, ya inmortal. Pero el cine es imagen en movimiento, desarrollo in crescendo. Hoy, Pablo Parés y Daniel de la Vega, establecidos como representantes del cine de género se reúnen para una nueva foto, y dar cuenta de la evolución de este cine, retratada en el reciente libro El cine de terror en Argentina: producción, distribución, exhibición y mercado.

¿Qué los motivó a hacer cine de género en la Argentina?
Daniel De la Vega: Creo que la falta de sentido común es una característica de los que hacemos esto, porque si lo pensás en serio, no lo hacés. Si te gusta determinado tipo de películas, no solo las querés ver, también las querés hacer, y lo cierto es que no hay un gran negocio de por medio, lo cual lo valida como obra de arte.

Pablo Parés: En los 90 cuando nosotros empezamos con Farsa Producciones, empezaba a aparecer gente que comenzaba a hacer cosas y cortos de género. Para mi sociológicamente responde a que en los 70, 80 y 90 hubo muy buen cine de género, cine de autor, directores como Joe Dante, John Landis, George Lucas, con películas muy buenas. Y por otro lado, la llegada de la tecnología, el VHS, las tecnologías digitales, más allá de la motivación personal.

DLV: Nos nutrimos de una cinefilia que fomentaba el cine de autor. En la escena local aparecía la convención de comics y ciencia ficción Fantabaires. Aún no había una aceptación sobre el cine de género. Se fue abriendo a partir de circuitos que fueron haciendo popular algo que estaba emergiendo.

P: Actualmente las películas de género que vienen de afuera son muy malas, y la producción nacional mejora y crece constantemente.

En el contexto nacional, el cine de terror da cuenta de una enorme calidad, cuidado y respeto por las ideas. Obras recientes como Daemonium (Farsa Producciones, Rabbid FX y Studio Patna) y Necrofobia (último film de Daniel De la Vega) dan cuenta de esta realidad, ¿Cuál es el panorama actual para la producción del cine de género en el país?

DLV: Nosotros hacemos lo que queremos. Desde la independencia o inclusive desde el INCAA, hoy podes presentar un proyecto, y darle una continuidad a tu producción. No funciona muy bien comercialmente, pero hay una enorme vocación que nos conecta con el cine que queremos y estamos en una búsqueda autoral, de expresarnos con nuestro cine y lo de afuera ya no nos representa tanto. 

Prepotencia de trabajo. Cuando se empezó a despertar el interés por el cine de género surgió Fantabaires, el mítico video club “Mondo Macabro”, las ediciones en VHS, y el Festival Buenos Aires Rojo Sangre. El género empezó a rodar y hoy da cuenta de muchos más.

DLV: Existe un movimiento que todavía no tiene la identidad suficiente pero que lucha por conquistar sus sueños. La voluntad y la cooperación son elementos que unen a mucha gente.

P: Eso es verdad, hoy vemos que en cualquier producción hay diez directores trabajando y aportando su talento en las diferentes áreas. Eso es muy estimulante.

DLV: cada uno ayuda al otro a que exprese lo que tiene para decir, y eso tiene que ver con el espíritu del cine de género. Un cine que entretiene y divierte, y que no encontrábamos en la pantalla. Seguimos empujando a veces con la sensación de estar solos y ya no es así, hay una solidaridad propia que tiene que ver con que queremos que siga existiendo el movimiento.

P: Muy de a poco vemos que crece. Lo ves en la suma de notas publicadas, libros, ediciones, y cuando se empiezan a estrenar películas en salas de cine, como Sudor frío, de Adrián García Bogliano, que anduvo muy bien, o Visitante de invierno de Sergio Esquenazi. Ahí te das cuenta que la cosa creció.

DLV: Y de pronto el cine de género se abrió un lugar en espacios como el festival de cine de Mar del Plata y BAFICI, donde durante años no tuvimos espacio. Se está modificando, y es por prepotencia de trabajo.



¿Por qué las películas de género de afuera son más vistas que las nuestras?

P: Por la colonización cultural.

DLV: nos han convencido que las películas que vienen de afuera son mejores. Dentro de ese contexto que hagamos una película de género e intentemos llegar a la gente es una lucha compleja. Hace unos años un estreno de cine argentino reunía doscientos mil espectadores. Hoy si una película logra eso es un hit. La gente iba al cine activamente a ver películas argentinas, la escena cambió, apareció el cable, internet, que hacen que ese espectador tal vez existe pero no va al cine.

P: Hacemos películas de género y sabemos que a la gente les van a gustar aunque no tenemos una gran estructura para promocionarla, para distribuirla. Si yo empapelo la ciudad con mi nueva película va a haber mucho público que la va a ir a ver.

¿Creen que con su trabajo se están convirtiendo en un modelo a seguir por parte de los que recién empiezan?

P: Hay como una especie de hermandad con los más jóvenes que van surgiendo, no siento que estemos por arriba.

DLV: Daemonium y otras obras pueden hacer soñar a una generación de pibes que ven que existe la posibilidad de hacer algo de calidad.

P: Cuando era chico y me enteré que existían las revistas underground, los fanzines, eso me voló la cabeza. Cuando aparece algo contracultural, llama la atención, hay alguien que está diciendo algo distinto. Estuvimos en el origen, en la semilla, hay gente que ve nuestra primer película, Plaga Zombie, y se pone a filmar desde ahí, igual no hay paternidad, es una hermandad, estamos todos de igual a igual.

DLV: Una película representa algo pero es parte de un proceso. Yo hago las películas que quiero hacer y creo en el proceso. En realidad yo apuesto a generar con los años, el cuerpo de una obra. Hay que parar la pelota y ver lo que hicimos. Es el tránsito lo que vale. Vamos haciendo lo que creemos y consideramos oportuno

De las ideas y las ganas a la realización cinematográfica. Desde una temática a la realidad de toda la producción que actualmente incluye a nuevos y reconocidos creadores. Gente que filma por pasión y que quiere transmitir ese sentimiento en ideas e imágenes

P: Lo que hacemos nosotros busca generar sensaciones, aunque a veces los recursos no son suficientes. Desde el Estado se te incluye, el INCAA está en un buen momento en relación a esta generación, pero el mainstream aún está lejos.

DLV: Desde la institución siento que hay una apertura. Las películas no se ven mucho pero podemos seguir expresándonos. Las películas son del tiempo, hay que juzgarlas como obras que quedan. Es importante que sigamos haciendo, que definan el momento histórico que ocupamos y que pasado el tiempo uno pueda volver atrás y degustarlas desde otro lugar.

P: Las películas que están buenas van a sobrevivir al paso del tiempo.

DLV: Soy feliz porque me dedico a hacer lo que me gusta y siento que me representa, y siento que tengo el apoyo de mis pares y del Estado. Hace diez años era otro universo. Ahora hay un acompañamiento. Tengo la fantasía de poder seguir haciendo lo que me gusta. Y si se le da continuidad, voy a poder alcanzar ese sueño, llegar a la gente con un cine que no era el más habitual. Si hay algo que nos une, eso es la valentía.

P: Mientras haya algo para contar estaremos ahí para servir!

No hay comentarios:

Publicar un comentario